martes, 13 de enero de 2015

ECO REPUBLICANO. LA NACIÓN


ECO REPUBLICANO




Este miércoles 1 de abril se cumplen 76 años del final de la Guerra Civil que se inició los días 17 y 18 de julio de 1936 con un golpe militar contra el gobierno legítimo de la Segunda República.


"En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado". El Generalísimo, Franco. Burgos, 1 de abril de 1939.


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LA NACIÓN

Por Pedro Taracena




La palabra nación puede significar una serie de conceptos: Conjunto de los habitantes de un país regido por el mismo gobierno. Territorio de ese país. Conjunto de personas de un mismo origen y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común. Hombre natural de una nación, contrapuesto al natural de otra. Para dar a entender el origen de alguien, o de dónde es natural.






Todos estos conceptos tienen su reflejo en la legitimidad de las leyes de cada país. Siendo su piedra angular el texto constitucional, donde se define la constitución de la nación y la nacionalidad de sus habitantes. La Constitución republicana de 1931 no utiliza el término nación, sin embargo define de forma clara que: “España es una República democrática de trabajadores de toda clase, que se organiza en régimen de Libertad y de Justicia”. Y añade un nuevo concepto. “La República constituye un Estado integral, compatible con la autonomía de los Municipios y las Regiones.
La Constitución Española de 1978 veamos cómo introduce un nuevo vocablo: “La Nación española, deseando establecer la justicia, la libertad y la seguridad y promover el bien de cuantos la integran, en uso de su soberanía, proclama su voluntad de: Consolidar un Estado de Derecho que asegure el imperio de la ley como expresión de la voluntad popular”.





Es evidente que los Padres de la Constitución confundieron en el plano legal, estado y nación. Y etimológicamente son diferentes. Los legisladores de la época venían muy influenciados por un régimen que había basado su naturaleza en el eslogan: ESPAÑA, UNA GRANDE Y LIBRE. Donde la unidad de la patria y la unidad de la nación se confundían en un mismo concepto. El Estado y la República, son conceptos que tiene su naturaleza en una estructura jurídica, así como la democracia y la justicia. Pero si la nación puede ser un “Conjunto de personas de un mismo origen y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común”. ¿Cómo se articula jurídicamente la emotividad de compartir la lengua materna, las costumbres etnológicas y culturales, así como las tradiciones de todo tipo? La nación es una cuestión emotiva, de arraigo, de identificación étnica y social. En dos ejemplos podemos evidenciar que no siempre coincide el concepto Nación con el concepto Estado. Hablar de Francia es hablar de la Nación francesa, emociones y tradición. El Estado francés configurado por la organización administrativa y República francesa constituye el régimen político. Porque aunque son nombres diferentes contienen fundamentos compatibles y con sinónimo espíritu asumido por la mayoría ciudadana.





El otro ejemplo es España. En nuestro caso no podemos negar que la historia nos muestra un mosaico muy variado de pueblos y civilizaciones, sin olvidar conflictos civiles, donde el arraigo nación de forma granítica, más arriba mencionado, es una quimera. Además la RAE recoge una acepción de la palabra patria, que nos distancia más si cabe del concepto nación no asumido por todos: “ Tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos”. Sin olvidar que hemos acuñado el término patria chica para acotar: “Lugar, pueblo, ciudad o región en que se ha nacido”. Es muy español dar prioridad al pueblo donde se ha nacido con rivalidad a otras poblaciones. Sin salir de España los legisladores de la Constitución del año 1978 y los políticos actuales administradores del consenso de la Transición, cometen doble error:
-         Consagrar la unidad de España como un bien absoluto donde se cimenta el nuevo orden constitucional.
-         Aceptar como un axioma que España, tierra natal o adoptiva, se debe de ordenar como una única patria y nación, a la que se sienta ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos.





El concepto nación se asume en el ámbito de las emociones y el concepto patria, más arcaico, obedece más a proezas épicas o de reconocimientos honoríficos. Pero no se logra por una imposición legislativa. Es evidente que no fue muy acertado el negar el reconocimiento  en el Estatut de Catalunya, el sentir del pueblo catalán que en sus sentimientos se sienten más catalanes que españoles o viceversa. Si este reconocimiento no era posible sin cambar el concepto de Nación Española por Estado Español o Reino de España, tarde o temprano esa semántica habrá que cambiarla. La legislación del siglo XXI debe de recoger la realidad actual al margen de las situaciones ya superadas de siglos pasados. España es una nación de naciones con lenguas, culturas y costumbres diferentes. Y lo que es más importante, esta diversidad justifica un estado federal con más justificación, que otros estados federales de nuestro entorno occidental y democrático, con menos diversidad que España.





Es más fácil negarse a cualquier modificación constitucional como si de un dogma se tratara, que analizar cómo se trató la experiencia de la estructura federal en la I República y el tema nacional en la II República. Y en ambas, el laicismo del Estado. No  se puede plantear los valores republicanos frete a frente a los valores monárquicos, porque los primeros emanan del pueblo y los segundos también es el pueblo quien ostenta la  soberanía, pero arbitrados, representados y presididos por un monarca, cuyo origen ancestral viene de Dios. Sí, que nadie se escandalice, el Generalísimo Franco, Caudillo de España, lo fue según constaba en sus monedas, por la Gracia de Dios. Y de igual forma España nunca dejó de ser un Reino. El dictador se reservó in péctore el declararse regente del reino, camuflando así su tenebrosa función de tirano genocida.




Colección fotográfica: INCIDENCIAS DE LA LUZ
Por Pedro Taracena Gil


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