lunes, 1 de agosto de 2011

El 20-N (3)


El socialismo español camina hacia el 36º aniversario de la muerte de un caudillo que sometió a todo un pueblo por el derramamiento de sangre. Aunque se haya elegido esa fecha del 20-N renunciando a su carga simbólica, no obstante, esta referencia en el tiempo, remarca las asignaturas pendientes del PSOE. Precisamente en esta materia, como sucesores en el poder del criminal más grande de la España del siglo XX. La secuencia fue la siguiente: Los gobiernos de la República Española, legítimamente constituidos, fueron asaltados de forma cruenta; provocando un enfrentamiento fratricida donde unos lucharon en defensa de la libertad, y otros en la implantación de una sangrienta dictadura. Este régimen exterminador duró hasta que el sátrapa murió atufado por el hedor de tantos cadáveres confundidos con la tierra en acirates y cunetas. A partir de 1975 los verdugos y sus víctimas acuerdan por consenso, que la transición de la dictadura a la democracia ha de hacerse practicando una terapia de amnesia. Todo lo que había pasado en España desde el 18 de julio de 1936, pasaba al más cruel de los ostracismos. Los crímenes del franquismo quedarían impunes. Una amnistía se aplicaría a los que lucharon contra el régimen dictatorial. Todas las fuerzas políticas, en virtud de una igualdad perversa, elaborarían una nueva Constitución. Los franquistas que habían legitimado la Guerra Civil, para justificar el nacionalcatolicismo y el nacionalsindicalismo impuestos, vieron cómo podían seguir gestionando el botín de guerra, legado de Franco. Los recién llegados a la política, ávidos de protagonismo y de poder, renunciaron a la República y aceptaron una monarquía. Cuyo hijo del monarca depuesto por el pueblo, apoyó el golpe de estado que derrocó el poder legítimamente constituido. Don Juan de Borbón, hijo de Alfonso XIII. La Constitución Española se escribió bajo el temor de involución por parte de los herederos del franquismo. En principio se ejecutó uno de los poderes de Franco, que era el de hacedor de reyes; estableciendo una monarquía parlamentaria, instaurada en la persona Don Juan Carlos de Borbón, educado en el franquismo, hijo del Conde de Barcelona, enemigo de la República que se alineó con el golpe militar. Al ejército se le otorgó el papel de valedor de la unidad de España, y la Iglesia perpetuó su poder de hecho; firmando unos acuerdos que vaciaban de contenido el aspecto aconfesional del Estado. Es decir, los mismos que derrocaron la República: los militares, la Iglesia, la Falange (Movimiento Nacional) y la oligarquía económica, emprendían un nuevo camino de conversos demócratas de toda la vida. Pasada la euforia de los primeros años de la transición, el inestable e inverosímil grupo unión del centro democrático, cayó como un auténtico castillo de naipes: La unión fue oportunista y forzada. El centro en política es inestable y siempre es una huída hacia la derecha y lo democrático era la máscara que hasta nuestros días han utilizado los seguidores del Franco, los franquistas. Los socialistas han sido protagonistas y víctimas al mismo tiempo de su propia ingenuidad. Creyeron que con los escombros de unas ruinas, se puede hacer un nuevo edificio. Y son tan necios que han presentado la transición como modélica y ahora han intentado exportar este modelo a Túnez y Egipto.

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